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BLEACHERS – ‘Bleachers’

Saber crear atmósferas que te meten en sus canciones como si fueran pequeñas películas.

Igual hay alguno, pero, hip hop aparte, no recuerdo otro caso en el que un productor de éxito consiga triunfar también como músico. Jack Antonoff no solo ha ganado el Grammy a Productor del Año durante los tres últimos años, sino que además la popularidad de su proyecto Bleachers no para de crecer; el 4 de octubre actuarán en el Madison Squarde Garden.

Posiblemente que el otrora miembro de Steel Train y fun. sea la excepción se deba a esa pasmosa facilidad para moverse entre lo comercial y lo artístico haciéndolo apetecible tanto para el público que se acerca a él por sus trabajos con Taylor Swift como el que lo hacer por los de Lana del Rey. Desde luego en el cuarto álbum de Bleachers encontramos temas de synth pop que podrían haber encajado en Midnights junto a otros que podrían estar en Did You Know That There’s A Tunnel Under Ocean Blvd. Sin embargo, lo que no acabamos de encontrar es el alcance que tienen el resto de componentes del grupo en su música.

Supuestamente, que el disco se titulara con el nombre de la banda era una reivindicación del mayor papel que habían tenido en su creación, pero a la hora de la verdad nos encontramos con un trabajo no demasiado distinto a los anteriores. Que el primer single fuera la eufórica ‘Modern Girl’, una especie de cruce entre Springsteen y High School Musical, también nos hacía presagiar un álbum más festivo y vivo, cuando en realidad lo que más pesa es justo lo contrario. No lo digo como algo negativo, sino que simplemente no es lo que esperaba.

En la mayoría de canciones, Antonoff sigue apareciendo con una suerte de cantautor que prefiere los sintetizadores a la guitarra acústica, más influenciando por las bandas sonoras de pelis de los 80 que por Bob Dylan. Además de ser un buen creador de hooks (‘Jesus Is Dead’, ‘Tiny Moves’ y ‘Call Me After Midnight’ son especialmente pegadizas), su mayor virtud es saber crear atmósferas que te meten en sus canciones como si fueran pequeñas películas. En concreto, la utilización que hace de las capas de voces (Lana del Rey, Florence Welch, St. Vincent o Clairo le echan una mano) contribuyen a darle un carácter especial y melancólico a temas como ‘Ordinary Heaven’ o ‘The Waiter’. Como si fueran viejas cintas caseras de VHS desgastadas por alguien que intenta revivir recuerdos del pasado en la soledad de su apartamento.

JORDI MEYA