FECHA: 18 DE JUNIO
LUGAR: LA RIVIERA (MADRID)
PROMOTOR: DOCTOR MUSIC
17 de octubre de 2003. Tras llegar a Madrid, cojo el metro y me voy a La Riviera para ver a Jane’s Adicction. En la misma puerta me dicen que se ha anulado por, según comentan, una gripe del cantante. Primer golpe en la cara.
Dada mi edad, cuando el grupo estaba despuntando a nivel popular, editando una trilogía de álbumes de los que marcan y te hacen sentir que la música puede ser una llave a experimentar diferentes estados de ánimo, a sublimarte a ti mismo, yo era un niño. Mientras crecía oía de mis hermanos, los amigos de mis hermanos, historias de la banda. Que si el cantante era una especie de chamán extraído de los suburbios de Los Ángeles o de Nueva York (no había internet, así que no había sitios donde contrastar la veracidad de nada), que el guitarrista era una mezcla entre Jimmy Page y Daniel Ash…. Poneos en mi lugar. Creciendo la imaginación no parece tener límites, y mi curiosidad y posterior pasión por Jane’s iba en aumento. En estas décadas por circunstancias de lo más diversas y dispares no los he podido ver. Desde infecciones de oído a estar en otro país.
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Este año al ver el anuncio de que iban a tocar en La Riviera ni lo dudo. Encima unas semanas antes del concierto me entero que Dave Navarro va a tocar, al contrario que en la gira americana donde no pudo por culpa del COVID y le tuvieron que sustituir dos guitarristas. Antes de entrar en la sala y al ir a las primeras filas me encuentro conocidos y amigos. Es lo que tiene haber ido a estudiar a Madrid y pasado más tiempo saliendo que en la universidad. Ahí anda el entrañable y de un talento superlativo Javier Vielba, de Arizona Baby. Dejadme saltar hacia el final en unas líneas. Al terminar sentí que había vivido algo extrasensorial, otra de esas noches de gloria en La Riviera, como cuando vi dinamitar la sala a Audioslave siendo el cumpleaños de Tom Morello, tener que dividir los ojos para ver el carisma de todos los miembros de Bauhaus o asistir a la ceremonia de The Doors con Astbury como guía vocal del cancionero de Krieger y cía. Hacía tiempo que no asistía a algo tan mágico en este sitio.
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Volvamos al comienzo. El grupo sabe lo que la gente quierey desgrana su discografía básica, sin ninguna concesión a los dos últimos discos de estudio. ‘Kettle Whistle’ abre la velada y es lo menos antiguo que van a tocar. Me sorprende de primeras ver a un Navarro contenido en cuanto a poses. Parece volver a ser el antiguo tipo que, aún con un atractivo visual tremendo, se preocupaba más de tocar que de ser fotografiado. Con sombrero, los ojos pintados de negro y chaquetón negro largo, da una lección de guitarra magistral a lo largo de las catorce canciones que el grupo va a tocar. Eric Avery viste sencillo y junto a Stephen Perkins escuchas una de las mejores secciones rítmicas del rock. Siempre fue de gran importancia esos bajos entre funk y góticos de Avery. Al hombre ya lo había visto en directo antes, con Garbage, en un segundo plano. Me daba pena verlo ahí, sabiendo su potencial y que el grupo de Shirley Manson tras un segundo disco notable han ido añadiendo a su repertorio canciones de lo más insulsas. Perkins es una auténtica máquina, derrochando talento y con una cara de felicidad casi perpetúa. Demuestra su carácter de batería imprescindible en la historia del rock en los últimos treinta y cinco años.
Y nos queda por mencionar al gran Perry Farrell. En muchos sentidos el eslabón más débil de toda la cadena de la banda. Nunca ha sido un portento vocal, y aquí con ayuda de efectos y demás consigue aprobar el examen. Otra cosa es a nivel estético. Quien imaginó con su ex pareja Casey Niccoli todo el imaginario Jane’s en sus orígenes, ahora parece un antiguo bohemio, un superviviente de los estupefacientes que posee una considerable fortuna y se pasa la vida visitando galerías de arte y desfiles de moda por París, Roma, Barcelona y demás ciudades europeas de alcurnia que se os ocurra, paseándose con su sombrero y una botella de vino. Es y a la vez ya no es quien fue. Mantiene mínimamente el aura del tipo imprevisible que empezó la revolución del rock alternativo. Entre canción y canción empieza a improvisar soliloquios sin mucho sentido. Es como ese familiar de historia excéntrica que sabemos que fue un pieza y que aunque parezca apagado, de vez en cuando revive su previa personalidad y nos sorprende. Entrañable sería el adjetivo para definir a estas alturas a Perry.
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Sinceramente, ver a estos Jane’s , aún pudiendo considerarse un ejercicio de auto complacencia nostálgica, me parece más digno que la otra banda de L.A. que les disputaron el reino a finales de los ochenta, principios de los noventa. Sí, los que llevan como unos seis años de gira perpetua y cuando se largó viendo el aciago futuro su primer ideólogo, su cantante quiso fichar a Navarro. Ya sabéis a quiénes me refiero. Viendo a ambos, uno se queda con la banda cuyo nombre se les ocurrió por el cuelgue a las drogas de su amiga Jane. Y es que a pesar o incluso con un Perry que ya no es el huracán de antaño en el escenario, la música que brotaba era ambrosía. ‘Pigs In Zen’, mi favorita de su cancionero ‘Up To The Beach’ (en alta rivalidad con ‘I Would For You), ‘Mountain Song’, ‘Stop’, y un bis con la gente volviéndose loca de placer que empezó con ‘Been Caught Steling’. Qué compactos sonaban, qué forma de interpretar unas canciones hechas para ser recordadas hasta el estertor del último hombre justo cuando nos vayamos a extinguir.
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Me hacen olvidar la mala noticia que me ha dado un colega de que Masters of Reallity han suspendido la gira europea. Siento envidia de quienes hoy verán a Jane’s en el Azkena. Si hubiera podido, repetiría. Pero, por mucho que me guste ese festival y haya vividos momentos mágicos, ver a un grupo del caché y calidad de Jane’s en una sala, a escasos metros de los protagonistas de un ritual ya nada habitual en el rock, es inefable. Joder, todavía estoy alucinando con lo que se vio. Oportunidades así se dan pocas en la vida.
No sé cuál será su futuro, pero ojalá por ese futuro pase Avery, y si vuelven a un estudio de grabación, que las musas vuelvan a tocarles como en su primer periodo. Y lo dice alguien que disfrutó de Strays y The Great Scape Artist… pero escuchándolos como si fueran una versión de la banda bastante inferior en uno de los muchos multiversos que se dicen que existen. Y es que ahora no me apetece nada más que ponerme su debut, el famoso directo en el toca discos y terminar con Ritual Del Habitual, y así constantemente hasta que el cuerpo aguante.
IGNACIO REYO