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Crónica – Morbidfest (Barcelona)

Un divertimento, poco más.

FECHA: 9 DE MAYO DE 2019
LUGAR: SALA SALAMANDRA (L’HOSPITALET DE LLOBREGAT)
PROMOTOR: MADNESS LIVE!

Mira que lo intenté, pero no hubo manera de llegar a tiempo para los locales Arcanus. Es lo que tiene venir de lejos y que éstos salgan a tocar a las seis y diez de la tarde… Sólo vi tema y medio, así que no sería justo valorar su show con tan poco. Otra vez será, qué le vamos a hacer.

Por desgracia, el concierto que ya sí me tragué entero fue el de Sadist. En cuanto vi al orondo Trevor Sadist aparecer en escena con esa máscara cornuda tan cutrela y vestido a lo Leatherface, sierra mecánica incluida, se me activó el sentido arácnido. Nada bueno podía salir de ahí, menos cuando se mostró más estático que un poste telefónico y Tommy Talamanca no dudó en desatender su guitarra para ocuparse del teclado. Técnicos y progresivos, como unos Atheist de rebajas uniendo esfuerzos con John Carpenter, no gustaron a casi nadie. ¡Y menos mal que venían con repertorio clásico! Dieron repelús.

Atrocity es una de esas bandas que pudo reinar, pero que se empeñó en no hacerlo. El porqué nos lo mostraron ellos mismos en Salamandra al dedicarse a alternar temas de su época dorada con actuales. Los de las dos partes de Okkult no dan la talla, simplemente, sobre todo cuando tiran de sinfonía barata y rollete gótico. Sobra decir que en cuanto Alex Krull y sus compinches tomaron las tablas hubo un salto de profesionalidad muy significativo, pero sospechoso es también que su base rítmica sonara como un cañón sin ningún bajista en el escenario… A mí no me la dais con queso, chavales. Para los que crecieron con ellos en los 90, bolazo. Para los demás, mero pasatiempo.

La cosa se puso al rojo vivo con Vital Remains. A los de Providence siempre los he percibido como a los Vomitory del death estadounidense: pertenecen a la old school, claro, por algo celebraban su 30 aniversario, pero ya rozan el brutal. Sin ser la mejor descarga que les haya visto, nos despachurraron en un no parar de impíos latigazos y con un Brian Werner que sabe muy bien cómo calentar al público. Quizá el wall of death me sobró, pero a cada nueva arenga del de Chicago caían hostias como panes en el foso. Y es que, si empiezas un concierto con ‘Icons Of Evil’ y lo finiquitas con la larga y virulenta ‘Dechristianize’, ¿qué puede salir mal? Al final, baño de sangre literal y a recoger los calzoncillos del suelo. Where is your god now?!

A través de I Am Morbid, David Vincent nos prometió los cuatro primeros álbumes de Morbid Angel, y, que Dios lo tenga en su gloria, a eso se dedicó ante una sala entregada. Con eso en cuenta, tenías dos opciones: pillar el papón y perdonárselo todo, o en cambio, guardar la compostura y analizar con algo de objetividad qué es lo que estaba sucediendo. Debo reconocer que yo me moví entre ambos mundos… ¿Cómo mantener la cabeza a puesto ante un bolo que abre fuego con ‘Immortal Rites’? Y al mismo tiempo, ¿cómo reprimir la carcajada cuando el cantante emula de forma cochambrosa los teclados más celebrados de la historia del death metal? Seguramente, no hay pista a tirar por mesa más justificada que ésa.

Estamos hablando de un repertorio imponente, dotado de la celestial ‘Fall From Grace’, ‘Blessed Are The Sick’, ‘Rapture’, ‘Pain Divine’ o ‘Maze Of Torment’, pero que no se administró del todo bien a la hora de mantenernos atentos durante todo el show. Para más inri, al optar por la brutalidad en vez de la pulcritud, riffs antológicos como los de la irrepetible ‘Visions From The Dark Side’ difícilmente los pudimos percibir en toda su grandeza. Además, en ciertos segmentos, se le dio tal protagonismo al bajo de Vincent que casi se zampaba todo lo demás.

Y ahora llega el punto clave, ése en el que un gran show pasa a ser algo simplemente aceptable. Hablo del feeling, claro está. Algo a lo que los más duros de mollera ni siquiera prestan atención… Tú en Slayer puedes poner a Gary Holt sustituyendo a Hanneman, a Paul Bostaph en vez de a Lombardo, y ni que sean diez mil veces más técnicos, jamás será lo mismo. Ahí has perdido el mencionado feeling. Tendrás meras interpretaciones de una partitura, nada más que eso. Lo mismo se puede aplicar al pobre diablo que deba hacer las rítmicas de Malcolm Young en AC/DC… Así que, evidentemente, nadie jamás tendrá el toque intangible de Pete Sandoval tras los parches, ya no digamos de un genio como Trey Azagthoth a la guitarra.

Lo siento, Dave, pero yo sí escuché versiones. Morbid Angel es mi banda favorita del death metal, es normal que no me conforme con cualquier cosa… Al mismo tiempo, sé que I Am Morbid es lo mejor a lo que podemos aspirar hoy en día. Un divertimento. Poco más.

PAU NAVARRA