¿Tienes media hora libre? Eso es todo lo que va a llevar escuchar Hygiene, el nuevo disco de Drug Church. Y aún te van a sobrar cuatro minutos.
Pese a que su último disco Cheer apareció en 2018 -si bien el año pasado publicaron un EP- el quinteto de Albany no ha perdido la cabeza intentando recuperar el tiempo perdido con una obra extensa y ambiciosa. Simplemente han cogido el hilo había donde lo habían dejado y han tirado para adelante con la misma humildad y determinación de siempre. Como si no hubiese pasado nada, su sonido sigue discurriendo entre el punk y el rock alternativo de finales de los 80, si cabe acentuando aún más este último aspecto.
Ahí está la magnífica apertura con ‘Fun’s Over’ donde un riff y una melodía muy Pixies te acogen con los brazos abiertos y ya no te sueltan. En una treta curiosa, justo cuando esperas que llegue el segundo estribillo, el tema termina y empieza el siguiente, ‘Super Saturated’, en una línea muy parecida con Patrick Klindon raspando aún más su voz.
Pese a la brevedad de las canciones, y del álbum en su conjunto, Drug Church encuentran la manera para poner sobre la mesa que son capaces de jugar con diferentes registros. En ‘Milion Miles Of Fun’ se muestran más juguetones, con un rollo no muy lejos de PUP, en ‘Detective Lieutenant’ tiran más hacia el post punk, en ‘World Impact’ suben la agresividad y suenan como unos Idles más melódicos, mientras que en ‘Piss & Quiet’ vuelven a sus raíces más punk rock. Y no quiero dejar de mencionar ‘Premium Offer’, ‘Tiresome’ y la estupenda ‘Athlete On Bench’, tres temas que perfectamente podrían ser obra de los Sugar de Bob Mould.
Si te preguntas por qué en los últimos años, Drug Church se han convertido en una banda de culto, aquí tendrás la respuesta. O si lo prefieres, simplemente fíate cuando te digo que esta banda mola.
JORDI MEYA