Aunque el título FTHC, acrónimo de Frank Turner Hardcore, invita a pensar que el cantautor inglés ha decidido rescatar el sonido más agresivo de su primera banda, Million Dead, o incluso de su proyecto Möngöl Hörde, la realidad es que su noveno álbum va por otros derroteros.
De hecho, cuando arranca con ‘Non Serviam’, un trallazo guitarrero de menos de dos minutos con Turner desgañitándose, uno hasta cree que quizá vaya a cumplir lo que promete el título. Pero ya en el segundo tema, ‘The Gathering’, entran las guitarras acústicas, el órgano, y una instrumentación más parecida a la que nos tiene acostumbrados. Sin ser un disco de hardcore, FTHC sí recupera la energía de sus mejores tiempos. Si el más popero Be More Kind de 2018 o el folkie No Man’s Land eran buenos discos, pero les faltaba algo, aquí nos encontramos al Turner que más nos gusta.
Sin renunciar a esa vocación más mainstream que con el tiempo ha ido adquiriendo con con algunos tics de stadium rock, o la increíble facilidad que tiene para sacar melodías pegadizas -‘Haven’t Been Doing So Well’, ‘Untainted Love’, ‘The Resurrectionists’, ‘The Work’-, Turner inyecta una buena dosis de vitalidad al álbum con temas como ‘Fatherless’, ‘My Bad’ o ‘Punches’ de espíritu más punk.
Siempre dispuesto a desnudarse en las letras, Turner hace un ejercicio de absoluta transparencia tratando algunos asuntos delicados. En la bonita ‘Miranda’ aborda la complicada relación con su padre, un antiguo ejecutivo agresivo, que hace unos años cambió de sexo. «Mi padre se llama Miranda hoy en día. Es una orgullosa mujer transgénero, y mi resentimiento ha empezado a desaparecer, porque nunca fue cuestión de quién era ella, sino de cómo actuaba él», canta en la primera estrofa.
También habla sobre su pasada adicción a la cocaína, que recientemente ha hecho pública, cantando en ‘Untainted Love’, «Sin duda hecho de menos la cocaína, la chulería y las manchas de sangre, los devastadores colocones y la vergüenza progresiva, y casi me mató. No soy invencible. Es imposible estar despierto para siempre») o del suicidio de su amigo Scott Hutchison de la banda Frightened Rabbit en la emotiva ‘A Wave Across A Bay’ («No estoy cabreado contigo, tenías algo en tu alma que podíamos reconocer»).
Con una vida tan agitada, no es extraño que Turner se haya sentido inspirado, pero en una época en la que tanta gente intenta proyectar una versión mejorada de sí misma, encontrarte con alguien que dice las cosas tal como son, sin tapujos, con sencillez, y poesía, se agradece mucho.
JORDI MEYA