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MY DYING BRIDE – ‘The Ghost Of Orion’

Nos devuelve la versión más contemplativa y melancólica de los ingleses.

Feel The Misery despertó sentimientos opuestos entre los seguidores de My Dying Bride. Mientras muchos fans lo ensalzaron, tantos otros renegaron de él. Como recordaréis, yo estuve entre los segundos… Esa concatenación de disparates la consideré impropia de, junto a Primordial, la banda más elegante que haya escuchado nunca.

Pero My Dying Bride son My Dying Bride… Nunca hay que darlos por muertos, pues es en la adversidad cuando un grupo torturado se crece. Ése es su territorio. El lamento, la aflicción, el desconsuelo, la resiliencia y la pérdida.

Tras cinco años sin nuevas canciones y coincidiendo con el 30 aniversario del histórico combo de Halifax, por fin nos entregan The Ghost Of Orion, ya con la pequeña hija de Aaron Stainthorpe totalmente recuperada de ese cáncer que les obligó a congelar toda actividad, y lo más importante musicalmente hablando: con el guitarrista y principal compositor Andrew Craighan recordando por qué fundó este grupo junto al cantante en 1990.

Sin experimentos, piruetas extrañas y sobreponiéndose a la marcha de miembros de peso, el violín de Shaun Macgowan recupera protagonismo aquí en canciones netamente My Dying como ‘To Outlive The Gods’ o esa ‘Tired Of Tears’ con un Aaron celestial, e incluso es capaz de ayudar a que canciones como ‘The Long Black Land’ alcancen otro nivel. De la misma forma, conviene resaltar el puntual cello de Jo Quail. Aparece en contadas ocasiones, pero cuando lo hace, es capaz de estremecerte en delicias como ‘Your Woven Shore’ o esa puntilla final a ‘Your Broken Shore’.

Y es que, llegados a este punto, lo que más destacaría de esta obra es su carácter etéreo y, efectivamente, fantasmal. A la sensación que te deja la bucólica y ya citada ‘Your Broken Shore’ me refiero, la susurrada ‘The Ghost Of Orion’ o a ‘The Solace’, con una Lindy-Fay Hella de Wardruna simplemente espectacular. También a ‘The Old Earth’ y esos 10 minutos y medio que, incluso armados por esas fornidas guitarras, tampoco escapan de ese aura espiritual que la embarga.

Aunque lejos de bastantes álbumes pertenecientes a tan inalcanzable y estelar discografía, su nueva obra nos devuelve la versión más contemplativa y melancólica de los ingleses, recordándonos cuán placentero puede resultar ser partícipes de su dolor existencial.

PAU NAVARRA