Empezamos una nueva sección de entrevistas en la que hablaremos con algunas de las bandas veteranas que ayudaron a moldear el punk tal y como lo conocemos. Nuestro primer invitado es Mathias Färm, guitarrista de Millencolin

Millencolin son uno de los grupos invitados en el Vans Music Tour que el año que viene traerá a Bad Religion a nuestro país. Serán unos conciertos muy especiales para los suecos, ya no sólo por poder compartir escenario con sus héroes, sino porque en 2022 se cumplirán 30 años desde que Nikola Šarčević (voz, bajo), Mathias Färm (guitarra), Erik Ohlsson (guitarra) y Fredrik Larzon (batería) empezaron a tocar juntos.

Desde su primer disco Tiny Tunes (1994) hasta el último SOS (2019), Millencolin han sido los principales embajadores del punk melódico europeo, dando el salto a Estados Unidos, donde fueron apadrinados por el sello Epitaph de Brett Gurewitz. Además, como el nombre de la banda indica, su pasión por el skate es tal que siempre llevan una tabla a mano allá donde van.

¿Cuándo descubriste el punk rock? 
MATHIAS FÄRM «Debió ser sobre 1986 cuando empecé a hacer skate. Y en los vídeos de skate siempre sonaba música punk, Misfists, Dead Kennedys, Bad Religion… Y entonces empecé a escuchar bandas punk suecas como Asta Kask o Strebers. En aquel momento los grupos que cantaban en sueco eran muy populares, y eso es lo que empezamos haciendo en nuestra primera banda. Pero con Millencolin tiramos más hacia el punk californiano».

¿Cómo de importante ha sido la cultura skate en tu vida?
«Muy importante. Si no fuera por el skate no estaría en la banda. Empecé jugando a fútbol, como todo el mundo, hasta los 12, 13 años. Pero se volvió demasiado serio, y tenía que entrenar y correr en el exterior durante el invierno; no me gustaba nada. Y cuando descubrí el skate, vi que podía ser mi propio entrenador (risas). Teníamos que ser muy creativos y montar nuestras propias rampas, porque nadie patinaba. Influyó totalmente en la persona que soy».

¿Cuál fue tu primera guitarra?
«La primera guitarra con la que empecé era una acústica de mi padre. Un tiempo después la cambié por una eléctrica poniendo algo de dinero que había reunido en Navidades. No recuerdo ni el modelo. Ni siquiera tenía un ampli, así que la enchufaba al equipo de sonido que teníamos en casa. No sabía ni usarla, así que al cabo de un mes la vendí (risas). Pero luego, a los 17 o así, empecé a tocar con Nikola y me compré una Fender Stratocaster».

«Tengo muy buen recuerdo del Warped. Pude conocer a mis skaters favoritos. Steve Caballero acabó tocando el bajo con nosotros»
MATHIAS FÄRM

¿Y cuál fue la primera canción que aprendisteis a tocar?
«Intentamos tocar ‘Blitzkrieg Bop’ de los Ramones, pero nos parecía demasiado difícil (risas). Nos dimos cuenta que era mejor que nos inventáramos nuestras propias canciones. En el primer año escribimos como 100 canciones. La mayoría eran muy malas (risas)«.

¿Cómo fue la transición de vuestro primer grupo, Seigmen, a Millencolin?
«Cuando Nikola y yo empezamos Seigmen, todos nuestros amigos skaters ya tenían sus bandas. Empezamos tarde. Cantábamos en sueco porque era lo que se llevaba. Conocíamos a Erik (Ohlsson) de la escuela. Pero al cabo de un año quisimos cantar en inglés, porque nadie lo hacía. Así que empezamos Millencolin. No queríamos ser parte de la escena sueca, queríamos hacer algo fresco. No aspirábamos a nada, pero mira, el año que viene cumpliremos 30 años».

¿Qué recuerdas del primer día que tuviste la primera copia de vuestro primer disco, Tiny Tunes, en tus manos?
«Fue muy emocionante. Pero te diría que incluso lo fue más cuando recibimos nuestro primer EP Use Your Nose, que salió un año antes. Era la primera vez que teníamos nuestra música en un CD. Y además no habíamos tenido que pagar la grabación, porque lo había hecho Burning Heart. Pero Tiny Tunes entró en el nº 21 de las listas suecas. Fue algo grande».

¿Cómo de difícil era girar cuando no existían Internet ni los GPS?
«Muy difícil (risas). Al principio tocamos mucho en Suecia y eso era fácil. Pero en 1995 fuimos de gira con Pennywise por Europa. Teníamos un gran libro con mapas, pero era complicado. Incluso cuando tuvimos nuestro primer GPS, funcionaba fatal. Cuando giramos por primera vez en Estados Unidos con Good Riddance y Down By Law sufrimos bastante. Teníamos un tour manager americano que llevaba un ‘busca’. Cada vez que pitaba teníamos que parar para que llamara desde una cabina, porque no teníamos móviles. Un día teníamos que tocar en Alburquerque en Nuevo México, y el show se canceló, pero no nos enteramos hasta que casi habíamos llegado. Acabamos tocando en el campo de una universidad durante la hora de la comida (risas)«.

¿Cómo matabais el tiempo en los ratos libres sin Internet? Ahora lo primero que hacen todos los grupos cuando llegan a una sala es pedir la contraseña del wi-fi.
«Pues ni me acuerdo (risas). Tenía una Gameboy y jugaba mucho. En Estados Unidos pasábamos mucho tiempo buscando una cabina para poder llamar a Suecia con una tarjeta de prepago. Costaban 20 dólares y no te daba ni para cinco minutos. Creo que matábamos la mayoría del tiempo patinando».

¿Cuál es la historia más loca que os ha ocurrido en el Vans Warped Tour?
«En la edición del año 2000, empezamos unas Olimpiadas de beber cerveza con Suicide Machines (risas). Jugábamos cada cuarto día de la gira. Al final del tour había como 20 equipos. En la final reunimos a 500 personas (risas). Y gané yo. Me bebí una lata en 2’5 segundos (risas). Tengo muy buen recuerdo del Warped. Pude conocer a mis skaters favoritos. Steve Caballero acabó tocando el bajo con nosotros».

¿Cuál es tu camiseta de otra banda más querida que todavía conservas?
«Conservo camisetas de skate de cuando era niño. Pero de música… Quizá una de The Afghan Whigs que es una de mis bandas favoritas. Les fui a ver a Estocolmo en 1997, pero sólo tenían XXL. Así que la compré y mi madre me la recosió para que pudiera llevarla (risas)«.