Cuando el 22 de junio de 1993 The Offspring actuaron en la sala Garatge de Barcelona teloneando a NoFx, ninguno de quienes asistimos quedamos especialmente impresionados con su directo. Más bien lo contrario. Ni por asomo podíamos imaginar que acabábamos de ver a un grupo que tan sólo unos meses más tarde iban a convertirse en uno de los más grandes del planeta. Posiblemente, ellos tampoco.

En ese momento el cuarteto californiano formado por Dexter Holland (voz, guitarra), Noodles (guitarra), Greg K (bajo), Ron Welty (batería) todavía tenía que grabar el que sería su tercer álbum. Sería entre enero y febrero de 1994, y con un presupuesto de 20.000 dólares, que la banda daría forma, junto al productor Thom Wilson, a las 13 canciones que formarían parte de Smash. Pocas veces un título fue tan profético.

Tres días después de que Kurt Cobain se volara la cabeza el 5 de abril de 1994, Epitaph Records, el sello de Brett Gurewitz de Bad Religion, ponía Smash en el mercado. Después de unos años en el que el grunge y su imaginería depresiva habían dominado el mundo del rock, la Generación X estaba lista para un cambio. Discos como Smash, Dookie de Green Day o Let’s Go de Rancid, canalizaban sentimientos parecidos a los de las bandas de Seattle, pero lo hacían a través de una actitud más gamberra e irónica y una musicalidad más melódica. Y radiable.

Casi de inmediato la influyente emisora KROQ de Los Angeles empezó a pinchar insistentemente el primer single del disco ‘Come Out And Play’, y como una mancha poco a poco se fue expandiendo hacia el resto del país gracias a su riff de guitarra surfero y la pegadiza frase “You gotta keep ‘em separated”, hasta alcanzar el nº 1 de las listas alternativas.

Luego llegarían ‘Self-Esteem’ y ‘Gotta Get Away’, y con el respaldo de la entonces poderosa MTV, las ventas de Smash superarían cualquier expectativa llevándolo a vender, a día de hoy, más de 11 de millones de copias en todo el mundo. El disco más vendido de la historia por un sello independiente. “Era abrumador y hasta terrorífico”, recordaba Gurewitz en una entrevista para Rolling Stone en 2014. “En ese momento Epitaph era una empresa de cinco o seis personas. Y teníamos esta demanda increíble. Teníamos discos de Offspring ocupando mi edificio entero en Santa Monica Blvd., desde el suelo hasta el techo. El interior del edificio parecía un Cubo Rubik de palés con vinilos, cassettes y CD’s de Offspring”. Tal llegó a ser la demanda, que durante semanas hubo plantas dedicadas íntegramente a fabricar el disco.

Mientras todo esto ocurría, la banda se embarcó en una gira de más de 200 conciertos en la que pasaron de tocar en salas para 500 personas en su inicio a más de 5000 a su fin. En Barcelona, volverían a actuar, esta vez como cabezas de cartel, en una abarrotada Razmmatzz 2. Una prueba más de que la fiebre Offspring había cruzado fronteras.

Su desmesurado éxito acabaría provocando tensiones de puertas adentro y la banda abandonaría Epitaph para fichar por Columbia Records, con quien publicaría su siguiente disco Ixnay On The Hombre en 1997 y cinco más hasta llegar a su último trabajo hasta la fecha, Days Go By, en 2012. Su decisión les valió acusaciones de vendidos y un agrio cruce de declaraciones entre Gurewitz y los integrantes del grupo.

Para bien o para mal, Smash contribuyó a que el punk irrumpiera en el mainstream, algo que irritó a quienes veían cómo un movimiento contracultural se convertía en otro fenómeno consumista alentado por el interés de las discográficas. Y quizá hubiera ‘malvadas’ estrategias de marketing detrás, pero que en apenas un año vieran la luz discos tan buenos como Punk In Drublic de Nofx, Stranger Than Fiction de Bad Relligon, About Time de Pennywise, Hoss de Lagwagon o ….And Out Come The Wolves de Rancid explican por qué el punk conquistó el corazón de millones de jóvenes e inspiró a muchos a coger una guitarra por primera vez. Sólo por eso, ya mereció la pena.