Skid Row eran la hostia. A finales de los 80, con el mercado saturado de bandas de hard rock, cinco chavales de New Jersey consiguieron sobresalir muy por encima de la media. Los ingredientes para este éxito fueron varios: un sonido más metálico, himnos generacionales, temas ideales para llenar cintas de baladas, y un cantante guaperas con vozarrón al frente. Todo esto los convirtió en una banda exitosa, con dos discos millonarios y todo un futuro por delante.
Como fue el caso de muchos compañeros de generación, la llegada del grunge amenazó el devenir del grupo, pero si algo fue el detonante del fin de ese periodo de gracia, fueron las desavenencias irreconciliables de Sebastian Bach con el resto de compañeros.
Hace más de 25 años que Skid Row decidieron prescindir del rubio frontman, y visto lo visto, es fácil concluir que no Baz, no Party. Y es que, pese a que los discos con el malogrado John Solinger gozan de momentos inspirados, la caída libre hacia el anonimato del grupo ha sido imparable.
A principios de este año, la banda anunciaba la incorporación de Erik Grönwall (ex H.E.A.T) como nuevo cantante, en lo que parecía un intento de acercar su sonido al de la época gloriosa, ya que el rango vocal del sueco guarda muchas similitudes con el de Bach. Y vaya si lo han conseguido. The Gang’s All Here es, precisamente, el mejor resultado posible del intento de sonar a sus dos primeros discos.
Los dos trallazos que abren el disco, ‘Hell Or Hight Water’ y la propia ‘The Gang’s All Here’, son puro Skid Row, con los riffs afilados de Hill y Sabo, coros muy presentes y una exhibición vocal de Erik que nos traslada directamente al año 91. El bajo de Bolan, con el groove de siempre, reina en el inicio de ‘Time Bomb’ y en ‘When the Lights Come On’ otros dos temas marca de la casa, que contentarán a los que busquen retroceder en el tiempo.
‘Tear It Down’ busca de manera muy descarada convertirse en un nuevo himno, pero, en lo que es una tónica constante en el álbum, se pierde en un sonido más propio del hard escandinavo que del sleazy angelino. Un aspecto del disco que le juega en contra es esa falta de filo reconvertida en coros grandilocuentes y agudos imposibles. Todo ello le da un envoltorio demasiado artificial al resultado final, lejos de lo callejeros que resultaban los himnos de la primera época.
Es este mix entre los primeros Skid Row y H.E.A.T lo que diluye el esperanzador inicio de The Gang’s All Here, convirtiendo un comeback notable en un correcto ejercicio de nostalgia. Pese al esfuerzo de Erik y el nivel de las canciones, mucho me temo que la banda seguirá apareciendo con letra pequeña en los carteles de los festivales, para mayor alegría de Sebastian Bach. Y es que, no Baz, no Party.
LLUÍS PUEBLA